Si alguien quiere marchar, que marche. Todas las marchas deberían ser bienvenidas. Son expresiones pacíficas de opiniones/sentimientos. Mejor pancartas que metralla.

Por otro lado, ir anticipadamente en contra de una marcha desgasta. No hay ganancia en la masacre verbal directa o indirecta de los potenciales participantes de una manifestación pública. En caso de desacuerdo, es más apropiado ignorarla que engrandecerla. Condenarla con vehemencia la promueve. Un comentario crítico posterior, cuando la dimensión, intenciones y consecuencias concretas de la marcha son claras, tiene más sentido y pertinencia.