“Every payphone in the world was tapped. Or if it wasn’t, some crew somewhere just hadn’t gotten around to it. The taps fed electronically onto storage reels at a central point, and about once every second day a print-out was obtained by an officer who listened to many phones without having to leave his office. He merely rang up the storage drums and, on signal, they played back, skipping all dead tape. Most calls were harmless. The officer could identiffy ones that weren’t fairly readily. That was his skill. Some officers were better at it than others.”

— Philip K. Dick, A Scanner Darkly

La columna de hoy es una reiteración de vainas que ya he dicho acá varias veces: estamos entregando un montón de control a las empresas del Valle del Silicio no sólo sobre nuestra interacción social sino nuestra información privada sin que nos sintamos en lo más mínimo agredidos por sus prácticas y falta absoluta de fiscalización. La enseñanza que deja por lo pronto el escándalo de Snowden y Prisma es que NSA y las empresas que monopolizan el tráfico en línea comparten mucho más de lo que deberíamos estar dispuestos a aceptar (no solo información, sino intereses y prácticas). En Medium puse la columna decorada, con enlaces y con unos cuantos comentarios al margen.