Cierro las ventanas temprano para que la pólvora no despierte a la niña. Los fuegos artificiales oficiales en el parque retumban media hora y luego reciben respuestas en varios rincones de la ciudad. Ahora todo está tranquilo otra vez. Me tomó un tiempo pero cada vez aprecio más la calma del barrio nocturno y la presencia sanadora de los árboles en la calle. Ya es julio de nuevo. Hace un año estábamos iniciando la última semana de embarazo y mi mamá estaba a punto de llegar. Vimos la pólvora desde la azotea del edificio. Intenté tomar fotos pero ninguna salió. Creo que en ese momento todavía no entendíamos cómo cambiaría la vida con Laia. Quiero decir: todo el mundo sabe que la vida cambia, pero el carácter del cambio es casi imposible de comprender antes del parto. Supongo que en gran parte implica una ampliación de la consciencia. En ciertos sentidos Laia nos ha vuelto más pragmáticos y menos conflictivos y pacientes. Su existencia también es punto central de cualquier conversación sobre nuestras alternativas de vida cuando el trabajo de Mónica acá se termine en un año. Aunque no tenemos mayores ambiciones profesionales (en mi caso de hecho no tengo nada parecido a una profesión), nos gustaría contar con los medios para ofrecerle a Laia una infancia agradable. Dónde y cómo será la gran duda de este año. Ojalá que pronto encontremos nuestro próximo rumbo.