Y creo que lo que no entienden quienes diseñan esos sistemas universales de gestión rígida de la educación es que la educación, especialmente al nivel básico, es una labor local (y orgánica) en esencia. Muy pocas experiencias pedagógicas exitosas son transferibles de un medio social a otro. Las particularidades de los estudiantes y, en general, de la comunidad que rodea a la escuela son factores fundamentales a considerar cuando se diseñan estrategias de enseñanza y evaluación docente. En últimas cada institución necesita contar con la suficiente autonomía para decidir internamente cuál es su propósito dentro de la comunidad y cual es el tipo de docente que se adapta mejor a sus objetivos. La gestión de la educación debería concentrarse en garantizar flexibilidades de organización y metodología a todos los niveles. Esto es posible incluso bajo un pénsum mínimo obligatorio (dentro de lo razonable, claro está).