El llanto de Laia mientras le sacaban sangre ayer me sacó lágrimas. Intenté no mirar mientras la rodeaban dos enfermeras que sostenían su bracito al tiempo que Mónica la cargaba. Lloró poco, en realidad, pero era llanto de dolor. Usualmente Laia llora por frustración y una distracción súbita la consuela. La presencia del dolor es más difícil de ignorar. Cuando se acabó me estiró los brazos y la cargué. Me abrazó muy fuerte y yo a ella también.