No es fácil escribir con el sol directo a la cara. La luz del invierno es escasa pero ocasionalmente potente. La refuerzan los reflejos en la nieve.

El marco de las nuevas gafas es un poco más grande que el anterior. Esto me permite hundir parte de las gafas en el agua mientras el ojo todavía está afuera. Hay un punto difícil de sostener donde puedo ver debajo del agua con la corrección del lente. El agua de la piscina, ahora lo sé, está repleta de pequeñas burbujas atrapadas en corrientes que no las dejan escapar.