Laia en nieve

Inicialmente quería mirar si se podían detectar, dentro de la nube de políticos tuiteros colombianos, los cúmulos de clientes de empresas de compra de seguidores robot. Con paciencia me bajé el jueves las listas de seguidores de los ciento cuarenta y nueve candidatos al senado con cuenta en Twitter de acuerdo a la base de datos de La Silla Vacía. La idea ingenua era hacer un análisis de componentes principales con la matriz resultante pero las dimensiones de la matriz (149 x 700.000) eran demasiado grandes para poder hacerlo en un tiempo razonable con un computador casero. Por un rato me resigné a hacer sólo la representación del grafo de seguidos y seguidores, pero después recordé que hay reductores de dimensionalidad no-lineales que parten de calcular las distancias entre los puntos (una matriz pequeñita). Una vez procesados los puntos y apropiadamente bidimensionalizados en R armé el gráfico de puntos con D3 (estoy enamorado de D3) y le agregué los vértices del grafo al hacer clic sobre un candidato. El resultado es esto.

Sospecho que lo que el gráfico muestra más que nada (y muy superficialmente) las diferencias en estrategia de comunicaciones digital de los diferentes partidos y candidatos. Los que le meten plata a ser presencia en línea y los que no. Los que quieren ser atendidos y los que atienden. Los conservadores mucho más aglomerados que los liberales. Los verdes totalmente disgregados. El sancocho de “centro democrático”. Benedetti y José Obdulio Gaviria apareados por (conjetura) contratos con la misma empresa de seguidores robot. Igual Serpa y Galán. Tres bloques más o menos bien diferenciados de cuentas: arriba a la izquierda los “líderes de opinión”, abajo los políticos en ascenso y arriba a la derecha los que no le paran muchas bolas a internet pero alguien les dijo que había que estar ahí por si las moscas.

Es un juguete medio inútil pero me gusta cómo se ve. De pronto después intento más serio en esta misma línea. Sigo con ganas de hacer algo a fondo sobre seguidores robots en política colombiana. A ver cuándo puedo.