A Colombia se le nota la falta de democracia en que no hay encuestas serias para elecciones parlamentarias. Entre el caudillismo y la reelección, las elecciones presidenciales colombianas son cada vez más idiotas y predecibles. Las parlamentarias, por su parte, son oscuras y esencialmente desinformadas. Pese a su importancia, parece que las posibles distribuciones de fuerzas en el congreso no merecen la atención de las encuestadoras y sus clientes de los medios (o si la merecen, lo disimulan muy bien). Me pregunto si esto estará relacionado con la naturaleza regional de las elecciones parlamentarias y el desprecio del centro (que hace encuestas, noticieros y periódicos) a las provincias. Si a esto se le suma la opacidad de las actividades en el congreso, realmente hay muy poca información disponible afuera para que el ciudadano pueda estudiar sus alternativas. Esto reduce las elecciones a meros concursos de popularidad muy superficial, que obviamente favorecen a los escasos “líderes de opinión” (con foco mediático permanente – en el grafo de candidatos al senado su identidad es más o menos evidente (¡cuánto elitismo se siente al explorar el grafo!)) y a los políticos profesionales con cara de tortuga entronados en sus curules (y sus regiones) desde hace milenios. No sorprende que el voto en blanco resulte atractivo para tantos.