Hoy leí Flash Boys, de Michael Lewis. Me gustó mucho. Como es de esperarse dado el tema (high-frequency trading), el libro es una fábula moral sin moraleja o si se quiere con moraleja en desarrollo sobre la estructura interna del sistema financiero y su propensión natural al abuso y el robo. Lewis hace un trabajo muy bueno convirtiendo un problema técnico complicado y lleno de terminachos y matices en algo digerible y hasta apasionante. Lewis tiende a sugerir que hay un beneficio social en la bolsa y que estas firmas que abusan son un síntoma de problemas de regulación más que del carácter de la bolsa en sí como institución. Esto es probablemente discutible, pero dado que el monstruo existe y no hay razones para creer que vaya a extinguirse en el mediano plazo no está de más que de vez en cuando aparezcan personas como los protagonistas del libro intentando proponer un orden alternativo que tal vez no aniquile a la bestia (en este caso ellos no tienen ni siquiera ese propósito pues comparten con Lewis la fe en el beneficio social de ese casino sublimado) pero al menos la aplaque y contenga. Independiente de sus intenciones, es fascinante el problema que enfrentan y la suma de ingenios y talentos que se requieren para doblegarlo. Envidio a esas personas (su arrojo, su capacidad para asumir riesgos, su resistencia ante fracasos, su ambición) pero creo que odiaría vivir sus vidas (la presión, el estrés, la intranquilidad, la ansiedad, la ambición). Aunque Flash Boys se siente como literatura motivacional todavía no logro aislar qué es lo que me motiva o inspira.