Después de varias semanas acumulando palabras medio al azar (queso, piña, moto, mota, carro, bus, zebra, nuez, Pocoyó, pato, pulpo, aquí, mano, pelo, ceja, detrás, canta, baila, oso, Matt, bye, see ya, ayuda, sol, luna, gato, perro, etc. — eso sí sigue diciendo elefante haciendo un gesto de trompa con la mano y ruido de elefante), estos últimos días Laia (al borde de los 22 meses) empezó a armar pequeñas frases con dos palabras, un verbo y un sustantivo: pica-mano, tuta-papá, quita-esto. No me acuerdo cuándo la atenacé en la cama y ella empezó a moverse y dar patadas para que la soltara. Le dije: diga “Suelte, papá” y yo la suelto. Dijo “Suelte, suelte” y la solté. Se alejó un poco, se levantó y me miró maravillada. Esto del nacimiento del lenguaje es milagroso. Me emociona mucho.

Lo otro que pasó es que está comiendo mejor. Se siente mucho más maciza. Pocas vainas más edificantes que verla comer con gusto o cagar en la mica (ya lo ha hecho un par de veces).

No sé de dónde lo sacó pero ahora nos dice “papi” y “mami”. Le suena lindo.