Ayer se rompió la válvula de la olla a presión (como es moderna encaja en una pieza de plástico que se puede romper) así que esta mañana fui a la piscina con Laia y después a la tienda colombiana a comprar una empanada y una olla a presión de emergencia para usar mientras conseguimos que alguien nos envíe de Colombia los repuestos para arreglar la que se dañó. La ola a presión de emergencia es de la colombianísima marca Imusa. Hecha en China. Aparentemente los cuarteles generales de Imusa quedan en Estados Unidos. Imusa nos usa. Usamos la olla a presión para hacer frijoles y también para hacer mazamorra. Yo la uso cuando quiero hacer rápido un pollo guisado. Los gastronomistas hablan regular de la olla a presión pero a mí me parece una herramienta práctica, especialmente cuando se cuenta con poco tiempo para cocinar (y en general para cualquier cosa). Se supone que deja un sabor en la comida que se prepara con ella. Nunca lo he sentido. O si lo he sentido, no me molesta.

Lo único malo de la olla a presión que compré es que es de aluminio. La otra es de acero inoxidable. Se supone que el aluminio suelta cosas tóxicas. O al menos eso dice mi socia de vida. Ojalá que podamos arreglar la de acero inoxidable.

Lo bueno de la olla a presión que compré es que es gigante. Le caben como ocho litros. Dos pollos medianos enteros, estimo. Comida para media semana.

Cuando era pequeño la olla a presión de la casa explotó y dejó una marca de lenteja en el techo y la pared de la cocina que duró años ahí. Por mucho tiempo le tuve a esos aparatos un miedo terrible. Ya no. El pollo guisado me queda bueno. Le echo ají peruano y arvejas. Me lo como con aguacate. El otro día hice unas quesadillas con los restos de eso y también quedaron ricas.