Graciosa esta historia de cómo el gran capital del Valle del Silicio encabezado por Zuckerberg invirtió en una reforma radical del sistema educativo de la ciudad de Newark y tres años y pucho después salieron de ahí prácticamente sin resultados y con el rabo entre las piernas. El mercado tampoco logra desenredar el problema social, apenas lo peina. La impresión que me deja es que las propuesta de reforma que se basan en la fundación de un sistema alternativo de educación pública usualmente funcionan bien en sus primeras etapas (como experimentos pequeños de intervención en una comunidad, muy localizados) pero cuando se pretenden escalar terminan padeciendo los mismos problemas de desorganización, descontrol y desviación de fondos de los sistemas que pretenden reemplazar. La plata que se propone y exige para la educación muy pocas veces llega de forma concreta a mejorar las condiciones de vida los estudiantes ni mucho menos su futuro: se pierde entre estudios, consultorías, reclamos, peleas políticas y demás mezquindades mientras que los muchachos (que supuestamente a todo el mundo le preocupan y son el futuro y la prioridad) siguen en las mismas: estafados, despreciados y abandonados.