La propagación de la figura del instructor temporal (cariñosamente apodado temp en el argot académico anglo) relega la función educativa de las universidades a la última prioridad posible. Los temporales somos una evidencia más del desprecio por la enseñanza que el medio universitario camufla torpemente excusándose en la calidad y fama de sus profesores-investigadores, todos grandes ejecutivos de esa industria sublimada de producir artículos para consumo y beneficio de nadie más que ellos mismos. Para propiciar que alcancen sus grandezas mezquinas y caprichosas, las universidades contratan docentes ocasionales que suplan la demanda de esos cursos básicos (casi todos) que los refinados profesores evaden activamente: no están a su altura, no tienen tiempo para esas pequeñeces, la docencia es tal vez demasiado mundana.

Pensaba en eso mientras hablaba con mis estudiantes de este curso de verano que recién termino. Pienso en eso regularmente cuando dicto clase. Me incomoda mucho. Esa jerarquía de profesores de primer y segundo nivel, con los primeros posando para las fotos y ofreciendo entrevistas o seminarios elevados para que los aplaudan y coman cuento y los segundos medio invisibles y menos pagados haciendo el trabajo que se supone que corresponde a los primeros (el trabajo que es la misión de la universidad, lo que le da sentido) es no solo desagradable sino contraproducente. En mi caso personal alcanzo a sentir cómo me impulsa hacia la mediocridad y el cinismo: si mi tarea es dictar este curso y no más que este, si no hay ninguna posibilidad de una afiliación duradera con la universidad, si planear y proponer cursos es imposible, no tiene sentido que le dedique a la tarea asignada más que el mínimo de tiempo y energía posible (aunque igual me termino matando porque la ansiedad me puede aunque la plata no pague realmente mi tiempo invertido). Es un trabajo que no es apreciado. Lo más triste es que los estudiantes (cada vez más abandonados y perdidos en las burocracias universitarias, sin guías que los conozcan, acompañen y les propongan caminos) son los mayores perjudicados.