despegue

Cuando empecé a escribir Despegue se llamaba Para poder llegar. Lo escribí durante las mañanas del verano de 2011, en el intermedio entre mis dos semestres como postdoc en la universidad de Waterloo. La escritura tomó un mes y algo. Escribía un capítulo diario. Borré muchos capítulos durante las correcciones. Tomaba notas de posibles capítulos en hojas que no sé dónde habrán terminado. La idea era expandir un relato mínimo y críptico titulado Prodigio que aparecía en Inframundo donde un niño hablaba con admiración de un primo que se había ido y mencionaba de pasada, como si no fuera nada, varias experiencias fuera del cuerpo. Quería sostener el tono infantil pero oscuro de ese relato en algo con aspiraciones de ser una novela infantil con componentes de ciencia ficción y fantasía paranormal. Rápidamente, mientras lo escribía, me di cuenta de que al fondo de la historia estaba mi dificultad por dejar ir la muerte de nuestro hijo. A un año de distancia todavía me atormentaba muchísimo. Me tenía mental y anímicamente incapacitado. Me costaba mucho redactar párrafos y pensar en general. Escribirlo me sirvió para salir de ahí, o al menos para empezar a salir. Fue una forma de reconciliarme con lo que nos había pasado. El protagonista de la historia era un niño que ayudaba a su primo enfermo a organizar una fuga hacia el espacio (el Arriba-Afuera de Cordwainer Smith). Quería que fuera una novela infantil sobre asuntos duros donde el niño protagonista no evadiera la realidad hundiéndose en ensoñaciones fantásticas sino que, al contrario, la encarara usando lo que tenía a su mano: unos poderes y saberes misteriosos heredados de su papá ausente. Quería que él los describiera como cosas naturales, como una ciencia más a la que por cualquier razón tenía acceso. Pese al tema, creo que el libro es más esperanzador que triste. Es una victoria. Aunque mi objetivo era hacer algo lineal, muy rápido (por algo que es más vicio que estilo) terminé escribiendo fragmentos a saltos que al ser encajados cuentan varias reflexiones y anécdotas sobre la partida. Entrelíneas es un ensayo pequeño sobre la soledad, las responsabilidades con los otros y las despedidas. Todavía me gusta el resultado. Es raro e intrigante. Creo que sería un libro que habría disfrutado de haberlo encontrado a los nueve o diez años. Espero poder leérselo a Laia pronto.