Los ruidos que usted (usted) oye en el patio a esta hora o a cualquier otra hora pero especialmente a esta hora (y no solo en el patio ni hace como una hora) son el último (siempre último) recurso de la realidad para establecer una conexión sustanciosa y duradera con su consciencia (que es la consciencia de todos, o sea de nadie). Aunque mensaje, los ruidos no tienen significado para una estructura cognitiva limitada como la suya. De hecho, la realidad aprovecha esta imposibilidad esencial para acceder de forma directa a centros de proceso primitivos en su cerebro a cargo del (des)control de sentimientos y son esos sentimientos (de confusión, curiosidad, miedo, desolación, gozo, vértigo) y su imprecisión lo más parecido a una interpretación del código una vez es asimilado fisiológicamente. En breve, los ruidos dicen, reiteran y refrendan la impermanencia intrascendencia como condición fundamental para existir.