Lo mío es el camino fácil. Nunca he sido alguien que aprecie la dificultad ni le haga elogios para pasar por resiliente o antifrágil. Si el problema se ve difícil, lo evado. Si me persigue, corro hasta que me canse. Si persiste, me hago el que no es conmigo hasta que no tenga de otra sino enfrentarlo, pero incluso en ese momento busco en Google la respuesta un rato antes de siquiera intentar resolverlo porque en realidad casi todo lo que importa en la vida ya ha sido resuelto. Hasta ahora esta estrategia me ha servido.