Hace cinco años a esta hora nos íbamos para la casa a pasar la noche. Al otro día operarían al niño. Creo que fue la última vez que lo toqué. Estaba en una incubadora con muchos tubos encima. Verlo así me rompía el corazón. Al salir de su habitación tomé una foto de la incubadora desde lejos. La tomé pensando que algún día se la mostraría cuando tuviera que explicarle esos primeros días tan complicados de su vida. Eso no se pudo.

Estábamos cansados y muy angustiados. El día había empezado temprano, como a las tres de la madrugada, cuando una enfermera notó que había algo mal con él. La pediatra a su cargo lo había pasado por alto. A partir de ahí fueron carreras, conversaciones confusas, asimilación de nuevas palabras y finalmente una remisión al hospital donde sería operado.

Fue un día horrible. Pero el siguiente fue peor.