A raíz del anuncio desde La Habana he encontrado gente o preocupantemente esperanzada o escandalosamente pesimista. En ambos lados cunde la claridad sobre el futuro. La diferencia está es el tono de la predicción.

Y no es que unos u otros sepan menos o más. Todos saben lo mismo. Y de lo mismo desprenden infiernos y paraísos. Pareciera que no es momento para incertidumbres.

Preferiría menos certezas y más compromisos. Compromisos personales, quiero decir. Porque las abstracciones usan las palabras con ligereza, no las sienten. No importa si es la paz o la guerra, lo común es que se espere que la carga del proceso le corresponda a alguien más. Cuando fracasa, siempre son otros los que tienen la culpa.