Ahora que nadie lee esto tal vez sea un buen momento para volver a escribir, así sea como propósito romántico de nuevo año destinado a caer vencido al primer signo de reanudación de las rutinas que no se conmueven con las convenciones arbitrarias que determinan nuestros conteos del paso del tiempo: un voto quizás ingenuo que conviene renovar regularmente para impedir que la ilusión de juventud se desvanezca por completo.