El fin de semana estuvimos en una tienda de ropa, equipo y accesorios para canadienses amantes de la aventura porque quería comprar unas botas. Es una tienda donde los artículos a la venta vienen con una descripción para que el aventurero en potencia se visualice en el mundo indomable de paisajes agrestes en el norte puro que lo esperan al otro lado de esa ropa tan linda y cara. Una camisa gruesa promete bosques densos dominados por los osos. Las botas, cumbres escarpadas con nieve fresca y abismos. Las pantalonetas cargo son perfectas para ese soñado y arriesgado viaje en canoa con la familia por dos semanas. Como todos los canadienses son amantes de la aventura y la ocasional incursión semicontrolada en lo rústico el almacén es muy popular. Después de dar vueltas un rato entre el tumulto burlándome en silencio de esa aproximación comodona a lo salvaje salí del almacén con botas nuevas y unos pantalones color ocre pensados para el escalador de árboles que todos llevamos dentro. Estaban en promoción. Las copas de los arces de la ciudad me esperan apenas llegue la primavera.