Hoy por ahí a las cuatro me fui de siesta. Ni siquiera fingí que leería como en ocasiones acostumbro. Simplemente me acosté en la cama con las cobijas recién cambiadas, cerré los ojos y desaparecí de la vida consciente por dos horas; una delicia. Cuando estaba en la universidad hacía mucho eso a cualquier hora. De noche vivía aunque tampoco salía mucho, si acaso una que otra fiesta los fines de semana. De resto me quedaba en la casa ante el computador viendo cosas pasar o esperando a que pasaran aunque nunca pasaran. En ese sentido sigo siendo parecido que cuando era estudiante, pero con menos siestas y fiestas y más molestias digestivas.