Hoy vimos The Martian. Es una película linda diseñada para apelar al gran público recién enamorado de la ciencia a través de grupos de Facebook y transmisiones de Nasa. Tal vez por eso el componente psicológico de la película se siente tan lateral cuando no ramplonamente cómico. Los personajes ni siquiera intentan convencer al espectador de que tienen sentimientos; son estereotipos siguiendo un destino manifiesto. Es gracioso cómo funciona como una campaña de relaciones públicas que explícitamente reconoce que la mayoría de lo que hace Nasa son relaciones públicas para sostener un presupuesto que garantice su operación: la ingeniería al servicio de la propaganda y viceversa.