Una postal: es tarde, hace frío y las calles están cubiertas de una capa de nieve tan fina que parece pintura blanca fresca sobre el asfalto. Camino por la acera con mi mochila, la había dejado en la fiesta de cumpleaños a la que fuimos el domingo, y dos globos flotantes amarrados a la mochila que revolotean de acuerdo a la voluntad un viento indeciso. En los audífonos cantan “Try to realize it’s all within yourself, no one else can make you change, and to see you’re really only very small and life flows on within you and without you.” Es la versión psicodélica. Al llegar a la esquina veo el tranvía venir. Lo espero y cuando abre la puerta subo las escaleras con los globos detrás de mí cual perros fantasma. Está casi vacío. La hija enferma (nada serio) me espera en la casa.