Día duro con Laia enferma. Toda una batalla que me dejara ponerle los antibióticos en los ojos por la mañana. Me hace sentir horrible hacerle eso aunque sé que lo necesita. Le arde. La paternidad está repleta de momentos así; no siempre tan dramáticos, menos mal. Hay que ser el amigo protector y consentidor pero también el que se opone y conmina. Por la tarde leímos libros y oímos música. Después jugamos a que ella era el fantasma o yo era el fantasma o ambos éramos fantasmas. Finalmente vimos Los Cazafantasmas. Al almuerzo pedimos pizza de la pizzería buena del barrio. Por ratos nos perdimos la paciencia mutuamente. Después siempre nos volvimos a querer. Ella es fácil de querer.