Siempre he querido conocer a un extraterrestre. Durante una temporada incluso consideré la posibilidad de ser un extraterrestre. Me sorprendía que un extraterrestre hubiera elegido mi vida. No parecía una vida digna de merecer atención extraterrestre. Pero ser extraterrestre me eximía de todos esos sufrimientos de las personas relacionados con la muerte, el tiempo, las relaciones sociales y el amor. Era ventajoso. Podía permitirme ser un observador cándido, sin compromisos ni ataduras. Eso me protegía. No sé por qué resolví dejar de ser un extraterrestre. Tal vez me cansé de esperar que volvieran por mí y me llevaran a mi verdadero lugar. O tal vez quería estar más cerca, supongo, así doliera.