Mis compañeros del trabajo son personas jóvenes, en sus veinte, que apenas empiezan sus carreras y vidas. Son muchachos alegres y curiosos que han tenido vidas mayoritariamente buenas. He aprendido a apreciar su presencia y en medio de mi torpeza me he integrado al grupo. En poco tiempo he hecho varios nuevos buenos amigos, algunos de ellos diez o quince años menores que yo. No sé bien cómo me verán. Me sorprende mucho todavía todo el cariño que recibo de ellos. Es agradable trabajar con personas así de generosas.