Por otro lado, en el último año he tenido un par de incidentes breves en los que una voz intensa, seca e iracunda me habla desde adentro en un idioma que no entiendo. Pese a esto, más allá de las palabras, en tono y énfasis, recibo su mensaje con absoluta claridad. Es una mensaje que me llena de miedo por lo que me espera en el futuro. Cuando siento la llegada de la voz, reconozco su eco, cierro los ojos e intento atender a sus reclamos e insultos como si los entendiera, para limitar su poder, y aunque no respondo pienso intensamente en el mensaje y en las razones por las que lo tengo en mí hasta que se reintegra al ruido que siempre fue.