A veces de lejos Colombia se ve (y sé que no se reduce a eso, lo sé) como una masacre constante e interminable donde los bandos mutan y evolucionan, bifurcan, se funden y difuminan pero la muerte rabiosa persiste incolumne, arrasando con gente mayoritariamente pobre, mayoritariamente campesina, mayoritariamente oprimida, a quienes les da más o menos igual quién gane o pierda tanto en la confrontación circunstancial como en la global ya que sus vidas y las de sus conocidos y descendientes son determinadas por la guerra y sus reverberaciones más que por la identidad y afiliación de quienquiera que ocupe el papel de la autoridad (inevitablemente déspota, reaccionaria y explotadora) en los territorios que habitan y trabajan: tan lejos y tan incomprensibles para los educados que desde las ciudades los estudian, analizan, gobiernan y malresuelven (aunque estén justo al lado). La rebelión de los oficios inútiles de Daniel Ferreira es una novela sobre eso, sobre ese efecto de la guerra lejana y la forma como es más o menos siempre la misma pese a todos los cambios a su alrededor, tan parte integral de la configuración social establecida como los apellidos de las familias poderosas y las jerarquías estrictas que aseguran que algunos muchos vivan mal y sin futuro para que otros pocos vivan bien y cada vez mejor.

La mejor esquina
Masacre de La mejor esquina (Buenavista, Córdoba), 3 de abril de 1988.