No hay nadie afuera desde hace varios días. Todos estamos adentro. Esperamos. La enfermedad es cada vez más intensa. Parece un hambre. Cambia los colores y la luz, las distancias, la naturaleza de lo real. No hay nada ni nadie afuera. Dos canecas de basura abiertas y vacías, el árbol, el cielo azul saturado, las luces de neón. En la casa del frente veo luces y sombras. A veces siento que nos miran. Tienen miedo como nosotros. No los culpo. Nos han visto salir. Yo también tendría miedo de los monstruos.