Hay algo que no me cuadra con el cuento de ‘la comunidad del anillo’: la describen como una red inmensa (de nombre caricaturesco) que involucra a oficiales de la policía de alto rango y congresistas que por alrededor de diez años forzaron a decenas de jóvenes cadetes de la escuela de policía a satisfacer sus necesidades sexuales secretas. Imaginen lo que implicaría organizar algo así e imaginen también la probabilidad de sobornos duros que se gestarían en un esquema de ese estilo considerando la corrupción bien sabida de tanto congreso como policía. En la práctica suena como una conspiración criminal inmanejable, llena de fisuras potenciales (si no abiertas por diseño) y con riesgos altísimos para cualquiera de sus ilustres participantes.

Por otro lado, la descripción es sospechosamente similar a la fantasía homofóbica genérica del grupo de homosexuales perversos y entregados a la lujuria incontrolable que se deleitan violando y seduciendo a jóvenes inocentes; el tipo de fantasía peligrosa y desgraciadamente común que justificó en su momento redadas violentas a fiestas privadas, condenas en prisión, leyes ‘anti-sodomía’, reclusiones en campos de concentración y castraciones químicas de muchos hombres durante el siglo pasado; el mismo tipo de fantasía, valga agregar, que personas como el procurador Ordóñez tienen en la cabeza cuando piensan en los homosexuales.

Esto me hace contemplar una alternativa más sencilla a la versión que se ha promovido para deleite y morbo de muchos. En esta alternativa, lo que hay detrás de la historia es un grupo numeroso de hombres en la policía y el congreso que tenían encuentros sexuales ocasionales entre ellos: un ambiente seguro y discreto que les permite avanzar en sus carreras en instituciones tradicionales, machistas y homofóbicas sin correr el riesgo de ser expuestos, protegiendo mutuamente sus fachadas heterosexuales normativas. Estos grupos eran comunes en otras épocas y tal vez todavía lo son en ciertos medios sociales que nunca dejaron los años cincuenta.

Tal vez (todo esto es totalmente hipotético) alguien descubrió la existencia del grupo y los rumores empezaron y crecieron con el delirio con el que suelen crecer. Tal vez surgieron amenazas de revelar sus gustos impíos. Tal vez la historia se alimentó de las anécdotas comunes de acoso sexual de superiores a subordinados en organizaciones jerárquicas (muy reales y que no necesitan conspiraciones especiales para ser frecuentes). Tal vez de verdad algunos jóvenes cadetes participaban. Tal vez la vaina se salió totalmente de control (por razones políticas o de simple moralismo) y los policías y congresistas actuaron como los policías y congresistas que son y en pos de defender su frágil prestigio mataron personas y persiguieron a otras. Tal vez lo que ha salido en los medios es solo una edición enriquecida de esa historia desde el prisma de los rumores y la homofobia prevalente, que se enardece cuando se siente reconfirmada.

Hipótesis nomás, insisto. Dudo que alguna vez se llegue a entender del todo qué fue lo que pasó ahí.