Un pariente de conocidos vive, como tantos, del rebusque entre el mototaxismo y el microtráfico. Hace como dos años salió con el cuento de que lo habían contactado para un trabajo bakano en Antioquia, que le iban a pagar un millón de pesos por algo corto y que se iba. Como un mes más tarde volvió al pueblo cagado del susto y rapado, con la ropa hecha harapos y lleno de raspones. Vuelto mierda, pues. Contó que se habían llevado a varios, los habían motilado, les habían dado un fusil, los habían llevado a un potrero y les habían dicho que arrancaran a correr monte arriba. No se sabe bien cómo él se voló con otros dos de lo que quiera que iba a pasar y después de caminar varios días por ahí terminaron en Medellín, donde pidieron plata en el terminal hasta que consiguieron para devolverse a la casa. Según entiendo, esta aparente lección de vida no lo alejó de la mala vida ni de los vicios. Por ahí sigue en las mismas. Ya nadie le presta la moto.