Por la mañana hizo calor y por la tarde frío. También cayó granizo. Desde el tranvía vi las gotas blancas congeladas rebotar al golpe con el asfalto. Cientos. Parecían delfines diminutos enloquecidos con el paso del crucero. Cuando me bajé del tranvía vi varios carros con patrones de granizo grabados sobre el capó. Formas precisas, casi siempre simétricas, probablemente debidas a sutilezas en la superficie para que corten mejor el viento.