Que el pueblo está desierto (cerrados colegios, iglesias, mercado) y la gente tiene miedo porque hay panfletos que llegaron en motos para recomendar muy atenta y respetuosamente que, en memoria de un compañero caído en combate y de paso para exigir buenos servicios de salud y educación para las grandes masas de desposeídos que sueñan con una nación más justa e incluyente, la comunidad se abstenga de salir de sus casas por unas cuantas horas so pena de castigos imprecisos que todos imaginan con claridad pese a su vaguedad porque en últimas son parte del viejo contrato social según el cual la ley y autoridad en el pueblo e inmediaciones no provienen de las instituciones visibles que la frágil democracia inventa sino de organizaciones invisibles que eligieron y ganaron ese territorio para desarrollar sus negocios como buenos empresarios y prosperar a bala y amenaza, por encima de quienquiera que se interponga, y que solo ocasionalmente se materializan para que el pueblo malagradecido recuerde a quién obedece y a quién pertenece.