Llevo un mes usando Vim como mi único editor de texto. Antes de eso usé SublimeText2. Un par de plugins y un puñado de comandos me han vuelto lo suficientemente competente en Vim como para emprender cirugías delicadas de algunas de las piezas que componen la infraestructura de procesamiento de datos que he ayudado a montar. Mi propósito era ganar la confianza para poder ocasionalmente editar código directamente en las máquinas virtuales donde debe a la sazón correr. Esto no pasa a menudo pero ha pasado lo suficiente como para que invertir el tiempo en ganar comodidad con Vim suene como una buena idea. Supongo que pude haber elegido Emacs. Me decanté por Vim porque es el editor de mi compañero de equipo y así es más fácil aprender. Me ha costado mucho menos de lo que temía. Todavía me siento lento pero no a un nivel que me haga claudicar.