Hoy alguien en el trabajo dijo que el libro que más lo había marcado era Juan Salvador Gaviota. Lo dijo con toda sinceridad aunque consciente de la forma como ciertas personas (yo, por ejemplo) interpretan esos gustos. Dijo que en ese libro había encontrado respuestas en un momento de su vida escolar cuando estaba lleno de preguntas. Leerlo lo había ayudado a sentirse mejor con su actitud ante la vida (un optimismo orgulloso y feliz que era tratado como ingenuidad por sus conocidos). Por la tarde pensé un rato largo en mi tendencia a juzgar y menospreciar a las personas por sus lecturas. No me gusta ser así.