Procuro limitar la expansión de mis necesidades de tal forma que nunca superen las esenciales pero cada cierto tiempo me pillo enrumbado en nuevos hábitos que dejé filtrar y que ya doy por básicos aunque en realidad hasta hace poco más de dos años los hubiera juzgado duramente como debilidad o desvergüenza de notarlos en otras personas. Mi resistencia fallida a adoptar nuevas necesidades la impulsa un miedo primario de que en cualquier momento todo el aparato de subsistencia que tengo se derrumbe. Entre menos necesidades más fácil será adaptarnos a cualquier escasez que nos asalte.