Ya nunca es de noche. Es de día todos los días. Parece magia. Muchos no duermen. Una mujer tocó la puerta anoche (es un decir) muy tarde, estábamos todos acostados, y cuando fui a la puerta a atender me preguntó si sabía qué hora era. Le expliqué que no sabía porque en la casa no tenemos relojes pues es de mala suerte. Siempre tengo que explicarlo porque acá eso no se acostumbra. Todavía usan relojes como si no importara. Me dijo que lo tomaría en cuenta la próxima vez.