El negocio es convencer a ejecutivos de alto nivel de que por una módica suma podemos cambiar su vida en cosa de un mes. Una vez depositado el cincuenta por ciento de la suma acordada el ejecutivo de alto nivel despierta en un cuarto oscuro sin puertas ni muebles y un hueco del diámetro de un limón grande en una pared. Altoparlantes empotrados y asegurados ofrecen compañía, lecturas, música e instrucciones vagas con ánimo motivacional. El agujero ofrece la única fuente de luz y, más adelante, de alimentación. Durante un mes el ejecutivo de alto nivel que ha pagado una cuantiosa suma de dinero para cambiar su vida y probablemente reforzar sus cualidades como líder es sometido a un proceso de deprogramación total que incluye servicios de alimentación e interrogación existencial intercalados con períodos de aislamiento radical que no obedecen a ningún patrón regular. En el video promocional del centro, tal vez enmarcado como monasterio contemporáneo aconfesional, un ejecutivo joven apuesto y sonriente camina en ropa rústica y sombrero de paja por un prado verde intenso hasta un gallinero minimal donde con cuidado recoge huevos en un canasto y rellena los comederos y bebederos. El audio, música suave y una voz a juego, elabora una reflexión sobre el valor de la distancia activa y los momentos auténticamente propios, por fuera de las rutinas y demás exigencias de los mundos falsos.