Tengo una hora de calma recién me levanto y otra hora larga antes de dormir. Los viajes en bicicleta, aunque a través de calles transitadas y ruidosas, también clasifican como momentos de calma. Sumando la ida y el retorno alcanzo otra hora ahí. Durante los momentos de calma leo o escribo o intento organizar oraciones o historias que alguna vez me gustaría escribir. O pienso en problemas que quisiera resolver. Un pequeño propósito: cada vez más horas de tranquilidad silenciosa diarias y menos urgencias. En mi vida cómoda casi toda urgencia es falsa.