De camino para la casa en la cicla subo a Dundas desde Adelaide por la calle Sherbourne. En la esquina de Sherbourne con Queen se aglomeran a esa hora muchas personas en muy malas condiciones, casi todas abrigadísimas pese al calor o a medio vestir pese al frío. Un par de veces he visto gente con la verga expuesta o cagando en la acera. Algunos parecen más sintonizados con el universo que otros, pero la mayoría están abandonados al vicio y atrapados en tics. Todo huele a remedio quemado. A mi paso los oigo hablar duro y reirse. Los hay que cantan o bailan, a veces acompañados de algún tipo de equipo de sonido portátil. En media cuadra hay una especie de iglesia cristiana montada en una casita vieja con música emotiva y ángeles decorativos en diferentes posiciones, un resguardo de Salvation Army y un Dolarama. En el callejón entre el Dolarama y el edificio de Salvation Army hay una puerta roja grande y a veces los veo salir por ahí con comida en platos de icopor. Muchos cargan botellas plásticas de gaseosa y bolsas de plástico. Del otro lado de la calle hay un parque donde se sientan en el pasto a parchar o duermen y un centro recreativo de la ciudad con pista de patinaje y otros atractivos. Detrás del centro recreativo siempre hay montañas de hielo, no importa la época del año. Es una zona de edificios multifamiliares inmensos de esos que se construyeron en el sesenta y setenta en plan Ciudad Radiante supuestamente para solucionar problemas de seguridad urbana y rodear a los pobres de parques que jamás fueron de veras apropiados por las comunidades a las que supuestamente beneficiaban. Sobre la calle Queen hay un supermercado de esquina, un bar en ruinas que parece servir como local a varios jíbaros, una tienda de celulares, una de tabaco líquido para vaporizadores, una librería artística, una carnicería y, más al oriente, una puerta diminuta donde nace una fila. Creo que es un dispensario de metadona.