Lleno de ímpetu salí de regreso a la oficina esta mañana. Volví derrotado a la casa al medio día, con nausea y arcadas ante cualquier olor intenso. Por ejemplo el olor de una manzana en la distancia. Empecé a sospechar que fracasaría en mi retorno al capitalismo salvaje una vez en el tranvía, ahogado entre el aroma de mis conciudadanos, pero asumí el reto como sugiere el libro del rinoceronte. Aunque jamás he leído el libro del rinoceronte estoy seguro de que recomienda esa actitud porque bien vista es una actitud muy recomendable y que un animal como el rinoceronte ejemplifica bien al menos en lo que respecta a su apariencia (que es en últimas lo único que importa). Es una actitud que sin hablar mierda es muy valiosa en la vida e incluso en la muerte. Especialmente en la muerte.