Escena: el protagonista, ebrio, se enfrenta a otro malviviente que aparentemente le ha robado a su gato. El otro asegura que el gato siempre fue suyo: lo había perdido hacía meses, nunca lo olvidó y ahora lo necesita. El protagonista se abalanza sobre el ladrón pero su equilibrio no es el mejor, así que se va de cara contra el pavimento y una vez en el suelo recibe una zunda de pata mítica. Cada golpe viene acompañado de una regresión fugaz a sus años como aprendiz y los ejercicios intensos a los que lo sometía su maestro. El entrenamiento no lo preparó para la vida, solo lo encaminó hacia la muerte. A rastras lo vemos regresar humillado a la covacha, donde su gato lo espera.

Más adelante el espectador atento descubrirá que el gato es la reencarnación del protagonista.