Calorón de esos que solo sirve para acumular ganas de dormir que después se precipitan de un golpe a media tarde y me dejan inconsciente por horas y sudoroso y confundido al despertar. En Lorica por ahí la mitad de la vida transcurría en ese estado de modorra calurosa permanente previo a la siesta que nunca llega. La contradicción es que el calor que adormece también dificulta dormir. Ni siquiera la desnudez me salva.