Mónica sale por las noches a buscar pokemon en el parque. No es la única. Hemos encontrado cazadores por todo el barrio. Algunos solitarios y otros en equipo. Soy fáciles de detectar. Se saludan entre ellos tímidamente y a veces enseñan sus pantallas como gesto solidario. Los tranvías, me cuenta Mónica, están llenos de jugadores. Su paso lento los hace particularmente óptimos para ordeñar cada parada de la ruta. Algunos conductores de tranvía, he leído en Twitter, a veces sugieren paraderos con buena presencia de pokemon en el área. Poco a poco, en cosa de días, la ciudad ha sido arropada por el juego. Esto nos preparará para la llegada de los verdaderos monstruos.