Hoy tuve una conversación que me hizo caer en cuenta de un cambio esencial de perspectiva en mi vida que creo que ha tenido consecuencias inmensas. Antes de la muerte de Mauricio yo quería ser alguien y después de su muerte mi propósito ha sido, descrito burdamente, no ser nadie. Casi todas mis aspiraciones grandes se desvanecieron y fueron reemplazadas por una especie de desinterés no del todo negativo por cualquier cosa que implique ascenso; ante la muerte, mi respuesta primero angustiosa y después firme ha sido volcarme a presenciar y apreciar la vida con tranquilidad. Eso ha marcado de forma profunda, y para bien, los vínculos que he creado desde entonces.