Y así llegamos al presente, donde una tarde en la playa consume el día y la energía reservada y de regreso Laia cae profunda así que la traemos cargada hasta la casa donde después de la consabida lectura y la serie de canciones acepta con cierta reticencia que tal vez sí sea el momento correcto para dormir. Desde la sala, sin embargo, la oigo todavía despierta veinte minutos después del cierre de mercado paternal.