Uno de los grandes logros del capitalismo consiste en convencer a un montón de gente de que hay algo virtuoso en trabajar, incluso cuando el pago de este trabajo sea apenas suficiente para sostener un estilo de vida sin mayores libertades y su ejercicio requiera sacrificios personales regulares (por ejemplo en el tiempo dedicado a los hijos o en general a la vida emocional). En cierto sentido, el logro se resume en un desprecio amplio del ocio y el descanso, hasta el punto en que hay personas que hablan con orgullo de todas las tantas horas que le dedican a su trabajo y lo poco que duermen. Lo ideal, en realidad, sería trabajar lo mínimo posible.