Esta es la última semana de George en el trabajo. Trabajamos un año y medio juntos en varios proyectos difíciles intentando organizar el banco de datos de la empresa y montando un sistema eficiente de tuberías para extraer información. A principios de septiembre se irá a buscar sus orígenes del otro lado del atlántico. O a reencontrarse. O a descubrir el amor. O a reinventarse. No sabe muy bien lo que quiere pero siente que necesita un tiempo lejos de Toronto. George me enseñó todo lo poco que sé sobre desarrollo de software, especialmente en lo que respecta al cuidado y la disciplina alrededor de la construcción metódica del código tanto a nivel global como al nivel sintáctico local al borde de lo obsesivo; lecciones valiosísimas para un programador novato como yo, con tendencia al desorden y la improvisación. Probablemente George es uno de los mejores maestros que he tenido. Y también un buen amigo.