¿De qué nos protegen los mecanismos de defensa emocional que promueven la expresión limitad(ísim)a de sentimientos? ¿Cuál es su propósito más allá de negar, reprimir o desconectar aspectos esenciales de la experiencia de vivir? ¿Quién seriamente cree que ampararse en la vergüenza normalizada de sentir y actuar públicamente en concordancia con los sentimientos es un camino a una vida saludable, plácida y satisfactoria? ¿Cuánto amor es demolido en silencio en aras de preservar formas y apariencias correctas, parceladas y nombrables? ¿Cuántas felicidades y tristezas viven escondidas por fuera de lo admitido? ¿Cuánta miseria cubren las máscaras?