Al comienzo de ese día, un miércoles que intento recordar desde el futuro como si fuera este y no el anterior pues así me sostengo firme en mi propósito de escribir desde el día o sea desde el mundo a medio procesar, todavía crudo y extraño, cinco o tal vez seis niñas me abrazan a la salida de su salón de preescolar que están a punto de abandonar para avanzar hacia el misterioso kindergarten y cuando están todas comprimidas en mis brazos les digo que gruñamos y todas gruñen los gruñidos más temibles que el mundo ha oído jamás.

Al cierre del mismo día admiramos con Jasna el sutil desequilibrio psicópata de Gene Wilder en la vieja película de los chocolates mientras comemos sushi y tomamos limonadas picadas.

Un buen día de principio a fin.